Restaurante la campana1

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Historia

En el año 1982, hace casi treinta
años, los hermanos Freijo deciden
hacer frente a la crisis que
por aquellos años se vivía poniendo
en marcha este proyecto. Los
tres hermanos, Alfredo, Antonio
y Pepe, se hallaban en situación
de poder acometer este reto y deciden
dedicar su vida a esta noble
profesión.

Procedentes del gallego Pedrafita do Cebreiro en los altos de Los Ancares, en la provincia de Lugo,
se reunieron en Barcelona y, tras la experiencia adquirida por Antonio en el servicio
militar, ponen en marcha esta campana que lleva sonando más de veinticinco años.
Entiendan los asiduos de esta sección que el establecimiento que hoy se comenta es de características
absolutamente modestas, los precios están también ajustados a esa condición, pero la comida
que se ofrece es de una honestidad realmente destacable. La carta, prolija, que contiene
permanentemente las fórmulas tradicionales, presenta cada día las novedades
del mercado, que frecuentemente se agotan ya en el servicio del mediodía. Estas condiciones
de frescura del producto, de honestidad en la elaboración y de variedad en la oferta hacen
que a este establecimiento acuda desde la princesa altiva hasta la hija del pescador. Bien es
cierto que los Freijo, tras el éxito de La Campana, abrieron la conocida Casa Freixo en el chaflán de
Bruc-Caspe, establecimiento que visitan los miembros de la realeza. Pero esta campana suena con
la fuerza de la dedicación del trabajo bien hecho, y nada tiene que envidiar, por la calidad de su
clientela, al otro establecimiento de la familia. Aquí la decoración es lo de menos; la limpieza es
esmerada; el producto, excelente; el trato, absolutamente distendido y familiar.
Como se ha dicho, la oferta es extensísima para un establecimiento de esta categoría. Buenos
macarrones a la riojana, espinacas gratinadas con gambas, setas salteadas con jamón, pies de cerdo
con
samfaina o empanadilla gallega son platos que entran y salen de la carta en función de las
condiciones del mercado, junto a otros platos que permanecer inalterables.

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